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El Jesús Invisible de Gaudí
Creado: Noviembre 2004
Un Canto al Amor - Autor: PAR
Última Revisión: Agosto 2005


El Rostro Fenoménico de Jesús
A través de las diferentes declaraciones de Gaudí, tanto en relación a su visión de la arquitectura y la escultura, como de la luz y acerca del arte y el simbolismo, se pueden ir extrayendo valoraciones que inducen a comprender el Jesús Invisible, así unas anotaciones de Martinell se hacen imprescindibles de reproducir aquí por reflejar claramente la actitud de Gaudí frente a la originalidad:

«Razona sus ideas estructurales y estéticas y dice que son de una lógica “indisputable” (siempre utiliza esta palabra, nunca, “indiscutible”). Le da mucho que pensar el que no se aplicasen antes y que él tenga que ser el primero en hacerlo. Esto sería lo único que, en todo caso, le haría dudar. No obstante, cree que, convencido del perfeccionamiento que suponen, tiene el deber de aplicarlas.»

Este hecho, que Gaudí se encontrara con soluciones no tenidas en cuenta en el pasado, es fundamental para comprender el Jesús Invisible, el cual es el resultado de una nueva y original comprensión de cómo hacer hablar a una escultura.

Para Gaudí
«...la arquitectura es un arte concreto, que nunca puede ser considerado abstracto»,

Fachada Sagrada Familia
Fragmento de la Fachada del Nacimiento en la Sagrada Familia
Foto: PAR 1988

y esto es una clara evidencia, pues la arquitectura es conceptual, y el concepto es medida, y la medida es algo concreto. En la misma proporción, el simbolismo, el cual Gaudí utiliza en el completo Templo, proviene igualmente de lo conceptual. Y ése era su dominio, el universo de la concepción mental. En el completo Templo no hay nada que no haya sido previamente preconcebido, y a la par tanto lo puramente arquitectónico como lo ornamental son utilizados como elementos que ostentan simbología y que son el resultado de unas necesidades concretas en casa situación. Como obra póstuma del artista, en la Sagrada Familia, Gaudí conjugó hasta su más elevada expresión las relaciones entre las artes plásticas y las literarias a través de su particular entendimiento de la luz y la arquitectura.

Gaudí conocía muy bien lo que la luz puede crear en determinadas condiciones y desarrollaba estructuras que pudieran utilizarla, transformarla en su movimiento. Decía que

«la luz es la base de toda ornamentación, puesto que de ella nacen los distintos colores en que se descompone. La luz impera en todas las artes plásticas. La pintura no hace más que copiarla, y la arquitectura y la escultura le proporcionan motivos para que juegue con una infinidad de matices y variaciones.»

Era buen conocedor de la estereoscopia y de sus mecanismos físicos, basados en el comportamiento de la luz y de la visión humana, y es obvio, pues se interesaba tanto en la lectura del plano como en la tridimensional, que siempre veía a través de los invisibles esqueletos de la mecánica. Utilizaba la fotografía como medio para averiguar diferentes cuestiones formales y lumínicas, y creaba escenarios en su taller con juegos de espejos con el fin de estudiar tanto los modelos naturales, como las maquetas arquitectónicas, y las figuras escultóricas, desde diferentes perspectivas que le llevaban a comprender cómo se veían afectados por la luz, e incluso para aprehender el propio comportamiento de ésta. Éstos ejemplos indican su gran interés por la luz y lo que ella supone en la arquitectura, en la escultura y de hecho en el arte en general, y desde luego en la vida, pues la naturaleza es vida, que fue su eterna fuente creacional. La luz era para Gaudí la sustancia, y la piedra arquitectónica o escultórica el medio para hacerla hablar. Tanto es así que podemos aseverar que uno de los pilares importantes en toda su obra es la luz, pero en el caso que nos ocupa, el Peñasco de Montserrat, es elemento consustancial.

Desde otro punto de vista no sería exagerado pensar, que al ser el maestro un estudioso y creador de la forma, debía conocer muy a fondo los materiales que utilizaba con el fin de poder domarlos a su necesidad para erigir sus obras, por lo cual estaba perfectamente al corriente, por su experiencia, en poder adelantar aproximadamente el aspecto que tomarían las superficies de las piedras afectadas por el paso del tiempo, en función de la procedencia de sus diferentes canteras, pudiendo utilizar el conocimiento de las distintas cualidades que de ellas se esperarían, para conseguir una u otra textura según a él le conviniera. Quizá esto podría parecer muy aventurado, pero las texturas, que son elementales en la completa obra de Gaudí, en determinadas piedras de la escultura que estamos estudiando son fundamentales, lo que induce a pensar que Gaudí pudo haberlo tenido en cuenta.

Existe una forma de entender a Gaudí que es muy poco sentida, la de verlo como un científico, y tal vez sea porque a los arquitectos comúnmente no se les suele ver así, cuando en realidad la arquitectura es una ciencia, en la que en la misma medida confluye el arte desde luego, mas sus lenguajes madre son la matemática y la física, lo que relacionándolo con Gaudí nos conduce a pensar que sus soluciones provenían de un continuo experimentar en lo físico, mecánica y forma, que inicialmente tenía lugar en su cerebro y lo iba trasladando al mundo material a través de planos y modelos que le conducían en el arduo trabajo de materializar la obra arquitectónica acabada. Cabría decir que sus creaciones sugieren ser el resultado de su experimentación con la materia. Desde esta perspectiva es muy sencillo entender el Peñasco de Montserrat como un “experimento culminante” de la profunda obra realizada por la sorprendente y fructífera mente de Gaudí, experimento que aún lo altamente arriesgado, Gaudí no pudo resistirse al influjo de llevar a cabo su “visión tridimensional angélica”, el Jesús Invisible, ya que es sabido que obedecía fielmente a sus impulsos creativos, en mayor medida, cuando él veía la total racionalidad de lo que proponían sus inspiraciones.

Con todo este bagaje y sapiencia, y su genio creador, no le fue nada complicado, a partir de un cuerpo como el del Peñasco de Montserrat, diseñando sus volúmenes explícitamente para unos fines determinados, y utilizando unas pocas pinceladas en la escultura, los caracteres de la palabra “sálvanos”, otorgándoles una ordenación que contribuyera a producir los resaltes necesarios, que en combinación con los distintos volúmenes e insinuaciones cóncavas y convexas que se definen en el Peñasco, y algunas texturas de piedras ennegrecidas por el acoso atmosférico, generar en determinadas condiciones lumínicas, concretamente de noche, y con cierta iluminación artificial, la aparición fenoménica del Jesús Invisible.

Si el espectador se sitúa frente a la Fachada del Nacimiento, con cierta lejana perspectiva, y en esta ocasión ha de hacerlo habiendo oscurecido el día y con la iluminación artificial que actualmente tiene instalada, apagada, esto es fundamental, entonces, si estudia por unos minutos el Peñasco, sin apenas esfuerzo alguno, en pocos segundos descubrirá el Rostro Invisible de Jesús.

Y una vez el espectador lo ha descubierto, ya no dejará de verlo jamás: El Rostro Fenoménico de Cristo, El Jesús Invisible de Gaudí.

Lo que mostramos en la ilustración de al lado es una fusión por transparencias entre un dibujo y una foto de la escultura, pero es muy aproximado a la colosal figuración del Rostro de Jesús visto al natural; no encontrará el lector apenas diferencia con el original.

Este Jesús fenoménico, que es mucho más destacable viéndolo en directo, ya que en esta escultura es imprescindible la lectura por parte del espectador, es evidente que no es fruto de la casualidad o la coincidencia, y que los sucesores llevados por el genio creador de Gaudí, y como parece obvio ajenos al completo significado de lo que estaban erigiendo, únicamente se limitaron a construir lo previamente proyectado por él, respetando en lo posible, sin más remedio, precisamente por lo abstracto del Peñasco, las instrucciones de Gaudí, tanto las habladas que pudiieran recordar como las registradas en planos y modelos, aunque de forma obvia sin encontrarse él presente dirigiendo su ejecución, lo que hubiera sido fundamental como es evidente.

Por reflexión lógica se deduce en consecuencia, que una aparición fenoménica de tal envergadura se debe a su mente creadora. Gaudí, aplicando su sapiencia técnica a través de su alma artística, proyectó tan asombrosa y espectacular escultura de “doble sentido”, El Peñasco de Montserrat / El Jesús Invisible.
El Jesús Invisible de Gaudí
El Jesús Invisible de Gaudí
Foto: PAR 1988. Dibujo: PAR 2004.

Lo más intrigante es imaginar cómo la llegó a ver Gaudí en su cerebro, pues como hemos señalado, los requisitos plásticos y técnicos del Jesús Invisible son complejos de captar conceptualmente, y en mayor medida la iluminación, pues es de ella que surge el acto fenoménico, la cual requiere ser altamente refinada para producir un resultado inmejorable, aspecto que sugiere encontrarse abandonado, y es evidente que así ocurra, pues si el Jesús Invisible no está reconocido, menos se procurarán los medios necesarios para su óptima visualización.

Es obvio cuan de vital importancia es la luz, uno de los pilares creativos que a Gaudí tanto le fascinaron, y el Jesús Invisible lo crea utilizando el comportamiento de la luz, al incidir en unos volúmenes de variadas pinceladas y sinuosidades armonizadas con unas determinadas texturas en la piedra. Con estos tres elementos: volúmenes, texturas y luz, cabal y perfectamente ordenados y equilibrados, y la percepción del espectador, crea la aparición fenoménica del Rostro de Jesús.

El Peñasco de Montserrat, es una escultura doble, pues reproduce dos cosas muy diferentes en función de su iluminación, aunque relacionadas. De día es un Peñasco evocando a las Montañas de Montserrat y a la Virgen María, y cuando oscurece, se convierte en el Rostro de Jesús, que aflora de la desnuda piedra para revelarse al espectador. Se encuentra implícita la representación de que Jesús nace de la Virgen María. El Jesús durante el día es invisible, y al anochecer surge fenoménicamente para mostrarse. ¿No es extraordinaria y sensacional esta original obra de Gaudí? Cuando uno reflexiona acerca de esta escultura de doble lenguaje, aún lo maravillado que queda, no puede por más que encontrarla natural proviniendo de un ser que tuvo tan a su alcance el don de la creación material.

Una vez descubierto, como se puede apreciar, ya tenemos el peso o valor narrativo que nos faltaba en este hueco abstracto en el conjunto de la fachada. Observándola completa y teniendo en cuenta esta nueva percepción, la nueva representación que surge del Peñasco, vemos que adquiere su sentido figurativo y simbólico en concordancia con el resto de elementos en los tres pórticos, pues la abstracción ha desaparecido, ahora es el Rostro de Jesús, que con su propio pórtico de la Esperanza, el pasaje explicado queda absolutamente concordante, ya que lo que está diciendo la escultura una vez hecha la aparición es: “Jesús, sálvanos”, es un ruego elemental en la creencia cristiana, que a su vez es una esperanza, la esperanza de que Jesús salvará a los seres humanos.

Si ahora observamos el Pórtico de la Esperanza, vemos que surge un nuevo y natural simbolismo en su conjunto, inspirador y revelador, ya que se puede percibir una figura humana, de un hombre con sus brazos caídos pegados al cuerpo, que viste una capa abierta y sujeta en su parte superior por un medallón, coronado con un peñasco, cuello dignamente alzado, y rostro sereno mirando a levante, hacia donde nace el Sol.

A partir de este momento, la confusión plástica inicial del día, la abstracción que suponía el Peñasco de Montserrat, desaparece al anochecer cuando el Peñasco muta, metamorfoseando al transformarse en el Rostro de Jesús, afectando con ello el completo pórtico y sugiriendo nuevas lecturas, interpretaciones ausentes cuando no teníamos conocimiento de la existencia del Jesús Invisible.

Es un pórtico del Templo que todo él representa a Jesús como símbolo de esperanza, y en un sentido arquitectónico de la obra completa, representa al Señor del Templo. La escultura es tan subliminal que afecta por entero a todo el pórtico a la vez que a la completa fachada, y en la misma forma y en un sentido mas hondo, a la total Sagrada Familia. La integración formal y literaria de la escultura, en el pórtico, en la fachada y en el Templo, es absoluta, denotando con ello la genialidad del artista, la mente creadora de Gaudí.

Ahora, en la escultura convergen múltiples  y variadas simbologías,  que no podemos reproducir por falta de espacio, y en realidad, posponiendo el inspirador y deseado trabajo que supone realizar su discurso literario, en cuanto a esta rica, abundante y sugerente confluencia de arte escultórico narrativo: de las Ciencias y las Tecnologías, de las Artes, de las Filosofías y las Mitologías.  De los hombres y de las mujeres. Aplazamiento que establecemos por continuar ciñéndonos al enfoque esquemático que venimos obligados a mantener.
Pórtico  el Jesús Invisible
Pórtico de la Esperanza
El Jesús Invisible
Foto: PAR 1988.

Desde el momento en que el espectador descubre en la noche el Jesús Invisible, es natural que entonces con la luz diurna vea con otros ojos el Peñasco de Montserrat, pues sabe que guarda un secreto muy íntimo, el Rostro fenoménico de Cristo, el Jesús Invisible de Gaudí.
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