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El Jesús Invisible de Gaudí
Creado: Noviembre 2004
Un Canto al Amor - Autor: PAR
Última Revisión: Agosto 2005


El Genio Creador de Gaudí
Un genio al transgredir las leyes las constituye más en su esencia.

Un genio es alguien en el que en su ser se mueve una inteligencia peculiar que hace que lo extremadamente complejo advenga la cosa más sencilla, y la profundidad se torne visible para cualquiera.

Un genio es alguien que podría aceptar llamarse maestro, por ser ésta la más alta dedicación que un ser humano puede realizar, pero jamás entiende que se le llame genio pues no abriga en absoluto la necesidad de mantener seguidores o admiradores, y de cualquier forma percibe que el auténtico maestro se encuentra en el eterno aprendiz.

Un genio es alguien por el cual el objeto de su expresión persiste por incontadas generaciones, las cuales con el tiempo tienen la oportunidad de descubrir nuevos y reveladores aspectos de su obra o legado que en ciertos casos pasaron inadvertidos para sus contemporáneos.
Antoni Gaudí Cornet
1912 - 2004

Según el parecer del que escribe, Gaudí reunía las afirmaciones que acabamos de presentar, así dejó suficientes pruebas de ello, como arquitecto a través de sus obras, y en cierta forma como ser humano a través de su manera de ser, actuar y crear. Hasta donde podemos conocer, además de arquitecto, era escultor y artesano, entre otras varias maestrías importantes, pero también cronista, sus narraciones literarias se escriben sobre piedra construida, y todas ellas utilizadas siempre bajo el eje directriz de su particular visión de la arquitectura entendida como la base del arte plástico de la que se desprenden las demás especialidades en el arte, a la vez que la sentía como un ejercicio totalmente relacionado con la vida. De su amor por la vida, por la naturaleza, en donde encontraba la fuente no sólo de inspiración creativa para desarrollar sus mundos imaginarios, sino que también le proporcionaba liberación a la mente; desde esa comunión de liberación creacional con la naturaleza, surgía la claridad que le permitía ver en su interior aquello que deseaba plasmar, que con sus originales enfoques para llegar a las soluciones que él requería, lo materializaba en sus obras con sorprendente facilidad, aunque no exento de arduo estudio y trabajo duro.

Hay una frase de Gaudí que según Bassegoda define perfectamente su visión de la arquitectura:

«El hombre se mueve en un mundo de dos dimensiones, y los ángeles en otro tridimensional. A veces, después de muchos sacrificios, de dolor continuado y lacerante, el arquitecto alcanza a ver por unos segundos la tridimensionalidad angélica. La arquitectura que surge de esta inspiración produce frutos que sacian a generaciones».

La completa declaración inspira en muchos sentidos. La podemos leer entendiéndola de forma implícita o hacer una lectura alegórica, y en ambos casos ella concluye con un asomo profético.

La visión de la tridimensionalidad angélica, se produce en la mente, pues es de la visión mental de la que habla, pero en un sentido de comunión con lo creacional, con el acto vivo, pues es ahí donde ocurre la percepción. Al ser esa percepción un impacto de la propia Creación, que no es dirigido por el hombre, sólo ocurre, pudiendo quedar más adelante impreso en piedra, aquello que esa percepción materializada deba revelar lo hará también para los descendientes. En este punto hemos de recordar que precisamente su obra póstuma, la Sagrada Familia, tenía en la época del arquitecto y todavía conserva en la actualidad, un gran espíritu de legado para las generaciones venideras.

Por otro lado Martinell tomó unas notas en Abril de 1924, en una de ellas manifiesta:

«Gaudí cree que la sabiduría de los ángeles consiste en ver directamente las cuestiones del espacio sin pasar por el plano. Dice que lo ha preguntado a diferentes teólogos, y todos le contestan que es posible que así sea, él desearía que le contradijeran, para poder discutirlo, pero nadie lo hace.»

Fachada del Nacimiento
Fragmento de la Fachada del Nacimiento
Autor Foto: Pera Andreu 2005
La capacidad de Gaudí de ver mentalmente los esqueletos arquitectónicos y sus invisibles tensores de fuerzas que los hacen permanecer en equilibrio estático una vez concluida la obra, la mecánica, así como las superficies, los recubrimientos, los lenguajes en todas las partes visibles, la expresión, le permitía en momentos de aguda inspiración experimentar claramente el proyecto en su mente sin apenas haber empezado a construir ni una sola piedra, en ocasiones después de haber trillado los caminos de estudios, ensayos, planos y maquetas, pero en otras lo comprendía como un relámpago de discernimiento incluso sin haber realizado un simple esbozo, el acto creacional listo para ser materializado en Arte.

Es ampliamente aceptado que Gaudí con su arquitectura abre un nuevo campo dentro del arte arquitectónico y del arte en general, al utilizar una geométrica de propia acuñación prácticamente no desarrollada y utilizada con anterioridad. Pero esa originalidad no era exclusiva de sus sentidos geométricos y mecánicos, sino que ella se extendía en igual medida para lo ornamental y lo expresivo, en suma la creación artística, por lo que no debería suponer nada extraño, y sí encontrarlo natural, que en un artista y una obra tan especialmente singulares, desveláramos cuestiones y aspectos de la misma, tanto científicos y técnicos, como simbólicos y literarios, que el autor no reveló o simplemente sugirió, y que dejó para lección y descubrimiento de las nuevas generaciones. Preguntarse cuál fue la deliberación de Gaudí que le llevó a no revelar completamente lo que se proponía construir y representar en la escultura que tratamos, es la esencia de su genio creador, pues con su silencio otorga al Templo la sustancia del “Misterio” para todos los tiempos.

Puig Boada nos recuerda unas palabras del poeta Joan Maragall, el cual contribuyó con sus artículos a llevar la grandiosidad del Templo a los corazones, la impresión que producía la conversación de Gaudí:

«... él nos explicaba el misterio del arte de la escultura. Este hombre es un poeta porque en su boca todo se hace nuevo y todo es verdad, y parece que a él mismo se le va revelando lo que dice al tiempo que habla; que a él mismo le viene de nuevo aquello que dice, y goza con alegre sorpresa y se inflama. ¿No es esto, el poeta? »

¿No es esto, el genio? Que el hombre que lo descubre en sí mismo, lo admira con humildad sin pretensión alguna, como algo ajeno a él, pero confía en el genio sin dudarlo para cualquier decisión? ¿No es sólo de un genio que puede surgir una obra que permanece desconocida tantos años después de su muerte?

Precisamente nuestro propósito en este documento es poner de manifiesto y hacer noticia de que existe especialmente una obra del Genio Gaudí, parece ser que no muy bien catalogada y documentada, permítasenos insistir en ello, que se ha pasado por alto, o inconscientemente no se ha tenido en cuenta. Ya que no es razonable pensar, por las repercusiones que debería suponer en distintos ámbitos el conocimiento público de tal obra, que existieran intereses impidiendo el que no se diera a conocer, posibilidad que apunto como lejana idea, porque se me hace difícil entender que hasta para el mundo de la plástica haya permanecido oculta. Parece más sencillo deducir, descartando cualquier sospecha oscura, que el propio Gaudí lo mantuvo en íntimo secreto, no sólo por el revolucionario experimento escultórico y científico que había concebido, consciente de las repercusiones que provocaría, silencio que ayudaba a que nadie sospechara, o si fuera así callara por tomarlo por demasiado extravagante, pero también, porque a él le fue impedido por su trágico accidente dirigir su ejecución y presentar la escultura una vez concluida, que es cuando se puede explicar, acompañarla del discurso literario, obviamente necesario con el Jesús Invisible. Con ese silencio, llevado por la muerte, y a través de la escultura, Gaudí insufla al Templo la esencia de comunicar con el misterio de lo invisible. Silencio que guardó consciente desde su lecho de muerte, y a la vez en espera de que algún día la sociedad descubriría el escultural mensaje.

En ocasiones sólo vemos lo que nos han enseñado a ver, la ciencia y el arte se han de acompañar de un discurso literario que los hacen mas accesibles y comprensibles al hombre y la mujer comunes, cuya carencia provoca que la gente no caiga en la cuenta sino se las informa al respecto, más, como en el caso extraordinariamente especial que nos ocupa, al tratarse de una técnica innovadora muy original ideada y diseñada por Gaudí y de un problema de lectura perceptiva por parte del espectador, como veremos.

Lo que en un principio descubrí en 1982, y que me pareció indudablemente algo realizado deliberadamente por el Genio Creador de Gaudí, lo presento en este documento sin haber variado un ápice en mi parecer, todo lo contrario, ahora y por siempre sentiré que, aún lo extraño que parece que una creación de tal magnitud no se haya puesto en órbita todavía, valiéndose Gaudí de una especial técnica escultórica, de la que desconocemos la existencia de algún referente, el “Jesús Invisible” es una obra que nos legó para que descubriéramos cada uno, cada ser humano, y meditáramos en profundidad sobre el contenido de su mensaje.
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