El Jesús Invisible de Gaudí
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Creado: Noviembre 2004
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Un Canto al Amor - Autor: PAR |
Última
Revisión: Agosto 2005 |
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El Genio
Creador de Gaudí |
Un
genio al transgredir las leyes las constituye más
en su esencia.
Un genio es
alguien en el que en su ser se mueve una inteligencia peculiar
que hace que lo extremadamente complejo advenga la cosa más
sencilla, y la profundidad se torne visible
para cualquiera.
Según
el parecer del que escribe, Gaudí reunía
las afirmaciones que acabamos de presentar, así dejó
suficientes pruebas de ello, como arquitecto a través de sus
obras, y en cierta forma como ser humano a través de su manera
de ser, actuar y crear. Hasta donde podemos conocer, además
de arquitecto, era escultor
y artesano, entre otras varias maestrías
importantes, pero también cronista,
sus narraciones literarias se escriben sobre piedra construida, y
todas ellas utilizadas siempre bajo el eje directriz de su particular
visión de la arquitectura entendida como la base del arte
plástico de la que se desprenden las demás especialidades
en el arte, a la vez que la sentía como un ejercicio totalmente
relacionado con la vida. De su amor por la vida,
por la naturaleza, en donde encontraba la fuente no sólo de
inspiración creativa para desarrollar sus mundos imaginarios,
sino que también le proporcionaba liberación
a la mente; desde esa comunión de liberación
creacional con la naturaleza, surgía la claridad
que le permitía ver en su interior aquello que deseaba plasmar,
que con sus originales enfoques para llegar a las soluciones que él
requería, lo materializaba en sus obras con sorprendente facilidad,
aunque no exento de arduo estudio y trabajo duro.
Hay una frase
de Gaudí que según Bassegoda
define perfectamente su visión de la arquitectura:
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«El
hombre se mueve en un mundo de dos dimensiones,
y los ángeles en otro tridimensional. A
veces, después de muchos sacrificios, de
dolor continuado y lacerante, el arquitecto alcanza
a ver por unos segundos la tridimensionalidad angélica.
La arquitectura que surge de esta inspiración
produce frutos que sacian a generaciones». |
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La completa
declaración inspira en muchos sentidos. La podemos leer entendiéndola
de forma implícita o hacer una lectura alegórica, y
en ambos casos ella concluye con un asomo profético.
La visión
de la tridimensionalidad angélica, se produce
en la mente, pues es de la visión mental de la que habla, pero
en un sentido de comunión con lo creacional,
con el acto vivo, pues es ahí donde ocurre la percepción.
Al ser esa percepción un impacto de la propia Creación,
que no es dirigido por el hombre, sólo ocurre, pudiendo
quedar más adelante impreso en piedra, aquello que esa percepción
materializada deba revelar lo hará también para los
descendientes. En este punto hemos de recordar que precisamente su
obra póstuma, la Sagrada Familia, tenía
en la época del arquitecto y todavía conserva en la
actualidad, un gran espíritu de legado
para las generaciones venideras.
Por otro lado
Martinell tomó unas notas en Abril
de 1924, en una de ellas manifiesta:
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«Gaudí cree
que la sabiduría de los ángeles consiste
en ver directamente las cuestiones del espacio
sin pasar por el plano. Dice que lo ha preguntado
a diferentes teólogos, y todos le contestan
que es posible que así sea, él desearía
que le contradijeran, para poder discutirlo, pero
nadie lo hace.» |
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Fragmento de la Fachada del Nacimiento
Foto: PAA 2005 |
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La
capacidad de Gaudí de ver mentalmente
los esqueletos arquitectónicos y sus invisibles tensores
de fuerzas que los hacen permanecer en equilibrio estático
una vez concluida la obra, la mecánica,
así como las superficies, los recubrimientos, los lenguajes
en todas las partes visibles, la expresión,
le permitía en momentos de aguda inspiración experimentar
claramente el proyecto en su mente sin apenas haber empezado
a construir ni una sola piedra, en ocasiones después
de haber trillado los caminos de estudios, ensayos, planos y
maquetas, pero en otras lo comprendía como un relámpago
de discernimiento incluso sin haber realizado un simple
esbozo, el acto creacional listo para ser materializado
en Arte. |
Es ampliamente
aceptado que Gaudí con su arquitectura abre
un nuevo campo dentro del arte arquitectónico y del
arte en general, al utilizar una geométrica de propia acuñación
prácticamente no desarrollada y utilizada con anterioridad.
Pero esa originalidad no era exclusiva de
sus sentidos geométricos y mecánicos, sino que ella
se extendía en igual medida para lo ornamental y lo expresivo,
en suma la creación artística, por lo que no
debería suponer nada extraño, y sí encontrarlo
natural, que en un artista y una obra tan especialmente singulares,
desveláramos cuestiones y aspectos de la misma, tanto científicos
y técnicos, como simbólicos y literarios, que el autor
no reveló o simplemente sugirió, y que dejó para
lección y descubrimiento de las nuevas generaciones. Preguntarse
cuál fue la deliberación de Gaudí
que le llevó a no revelar completamente lo que se proponía
construir y representar en la escultura que tratamos, es la esencia
de su genio creador, pues con su silencio otorga al Templo la
sustancia del Misterio para todos los
tiempos.
Puig
Boada nos recuerda unas palabras del poeta Joan Maragall,
el cual contribuyó con sus artículos a llevar la grandiosidad
del Templo a los corazones, la impresión que producía
la conversación de Gaudí:
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«... él
nos explicaba el misterio del arte de la escultura.
Este hombre es un poeta porque en su boca todo se
hace nuevo y todo es verdad, y parece que a él
mismo se le va revelando lo que dice al tiempo que
habla; que a él mismo le viene de nuevo aquello
que dice, y goza con alegre sorpresa y se inflama. ¿No
es esto, el poeta? » |
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¿No
es esto, el genio? Que el hombre que lo descubre en sí mismo,
lo admira con humildad sin pretensión alguna, como
algo ajeno a él, pero confía en el
genio sin dudarlo para cualquier decisión? ¿No
es sólo de un genio que puede surgir una obra que
permanece desconocida tantos años después
de su muerte?
Precisamente
nuestro propósito en este documento es poner de manifiesto
y hacer noticia de que existe especialmente
una obra del Genio Gaudí, parece ser que no
muy bien catalogada y documentada, permítasenos insistir en
ello, que se ha pasado por alto, o inconscientemente no se ha tenido
en cuenta. Ya que no es razonable pensar, por las repercusiones que
debería suponer en distintos ámbitos el conocimiento
público de tal obra, que existieran intereses impidiendo el
que no se diera a conocer, posibilidad que apunto como lejana idea,
porque se me hace difícil entender que hasta para el mundo
de la plástica haya permanecido oculta. Parece más sencillo
deducir, descartando cualquier sospecha oscura, que el propio Gaudí
lo mantuvo en íntimo secreto, no sólo por el revolucionario
experimento escultórico y científico que
había concebido, consciente de las repercusiones que provocaría,
silencio que ayudaba a que nadie sospechara, o si fuera así
callara por tomarlo por demasiado extravagante, pero también,
porque a él le fue impedido por su
trágico accidente dirigir su ejecución y presentar la
escultura una vez concluida, que es cuando se puede explicar, acompañarla
del discurso literario, obviamente necesario con el Jesús
Invisible. Con ese silencio, llevado por la muerte,
y a través de la escultura, Gaudí insufla
al Templo la esencia de comunicar con el misterio de lo
invisible. Silencio que guardó consciente
desde su lecho de muerte, y a la vez en espera de que algún
día la sociedad descubriría el escultural
mensaje.
En ocasiones
sólo vemos lo que nos han enseñado a ver, la
ciencia y el arte
se han de acompañar de un discurso literario que los
hacen mas accesibles y comprensibles al hombre y la mujer comunes,
cuya carencia provoca que la gente no caiga en la cuenta
sino se las informa al respecto, más, como en el caso extraordinariamente
especial que nos ocupa, al tratarse de una técnica innovadora
muy original ideada y diseñada por Gaudí
y de un problema de lectura perceptiva por parte del espectador, como
veremos.
Lo que en un
principio descubrí en 1982, y que
me pareció indudablemente algo realizado deliberadamente
por el Genio Creador de Gaudí, lo presento
en este documento sin haber variado un ápice en mi parecer,
todo lo contrario, ahora y por siempre sentiré que, aún
lo extraño que parece que una creación de tal magnitud
no se haya puesto en órbita todavía, valiéndose
Gaudí de una especial técnica escultórica,
de la que desconocemos la existencia de algún referente, el
Jesús Invisible es una obra que nos
legó para que descubriéramos cada uno, cada
ser humano, y meditáramos en profundidad sobre
el contenido de su mensaje. |
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