mente dactual
El Jesús Invisible de Gaudí
Creado: Noviembre 2004
Un Canto al Amor - Autor: PAR
Última Revisión: Agosto 2005


Figuración... Abstracción...
Pórticos  Esperanza y Caridad
Pórticos de la Esperanza y de la Caridad
Autor Foto: Pera Andreu 2005
Cuando contemplamos la Fachada del Nacimiento, podemos ir reconociendo cada uno de los acontecimientos que se explican, en mayor medida si estamos al corriente de la historia que se relata. En ese circuito visual y literario, en el que todo es reconocible tanto en la historia que se narra como en el lenguaje de sus formas, en esta pauta homogénea de lectura fácilmente comprensible hasta para un niño, surge un elemento que interrumpe bruscamente la narración, puesto que ya no es tan fácil reconocer su significado a no ser que seamos puestos en antecedentes, nos referimos al Peñasco de Montserrat, el cual dista bastante de ser una figuración tan clara como las del conjunto, cuestión en la que fácilmente la mayoría coincidiría, sino todo lo contrario, pues al espectador común se le ha de informar de lo que se trata, ya que lo que éste ve lo definiría más adecuadamente, en comparación con el resto de elementos ya comentados, como una “escultura abstracta”, cosa que es lo que realmente sugiere, provocando sobremanera un evidente contraste de desequilibrio visual, plástico y de lenguaje. ¿Es posible que Gaudí cometiera adrede tal desequilibrio? La respuesta afirmativa a esta pregunta es precisamente lo que nosotros abogamos.

Adelantamos para el lector no puesto al corriente, que lo que así se denomina “El Peñasco de Montserrat”, es una gran escultura construida con piedras talladas de distintas medidas y diferentes sinuosidades muy determinadas, que en conjunto configuran una muy personal estructura y forma, precisamente una buena alegoría de peñasco, razón por la que hace honor a su nombre pues también induce los picos de la Montaña que rememora, que se levanta como pináculo del pórtico de la Esperanza que veremos con algo más de detalle. Gaudí dedicó esta escultura a las Montañas de Montserrat y a su virgen, La Moreneta con el niño Jesús en sus brazos.

Antes de hacernos algunas preguntas repasemos un poco más la cuestión. El dibujo es una aproximación utilizando masas de color que reflejan la distribución de la figuración y de la abstracción contenidas en la completa fachada. Podemos ver en verde toda la zona que representa vegetación o carámbanos de hielo. Las masas rosas pertenecen a los grupos de figuras y animales. Las grises hacen referencia a las entradas y a los ventanales, cuyas cristaleras simulan los colores del cielo pero no los denotamos como figuración, así como a las propias paredes de los muros que no revisten ninguna. Los campanarios están representados en azul claro pero igual de desnudos que las zonas grises, a excepción de las masas azul fuerte que los cubren y que representan también objetos figurativos, pero que se diferencian del resto por no estar situados en los pórticos. La masa de color marrón es el Peñasco de Montserrat. En el dibujo podemos apreciar el alto nivel de simetría de los tres pórticos y de la distribución de los distintos elementos, lo que contribuye a resaltar en mayor medida el desequilibrio que señalamos.

En la foto superior podemos apreciar el pórtico de la Esperanza bellamente alzado al lado del pórtico de la Caridad más alto.
Figuración / Abstracción
Dibujo: PAR 2004

Parece evidente que aquí hay un proceder que debe sugerir algo más significativo de las hondas capacidades técnicas y creativas de Gaudí, pues tras coordinar los elementos arquitectónicos, esculturales y literarios en una composición simétrica de flujo lineal altamente meticuloso, el permitirse en su narración una enérgica pincelada produciendo el manifiesto contraritmo plástico, parece obvio que ha de responder a una sublime concepción de la simbología relacionada con tal escultura, al tiempo de dar una pista de que aquí se está materializando una genialidad del creador.

Puig Boada escribe:

«Gaudí manifestaba sus teorías estéticas. Estas teorías eran en él meditaciones reflejas, resultado de la crítica a que le llevaba la contemplación de la naturaleza y el examen de las obras de arte, minucioso, lógico y audaz. Toda esta filosofía del arte era; además, en él, siempre a posteriori».

Se hace difícil entenderlo. ¿Qué intentaba representar con tal salto explicativo? ¿Nadie le cuestionó este enfoque? ¿Tal era su genio reconocido que frente a sus decisiones tanto si fueran comprendidas como si no nadie se atrevía a cuestionarle? ¿Cómo es que no surgen las dudas ahora? Y así podríamos listar unas cuantas preguntas planteándolo desde diferentes enfoques. Lo que parece a tenor de la información existente es que se trata de algo que no se le ha dado la mayor importancia, o se ha entendido como un gusto personal del genio, a nivel plástico, pues tal permisión tanto de técnicos como de corresponsables de la obra así como a nivel popular, en realidad proviene del gran sentimiento de Tierra, de Catalunya, que el Peñasco de Montserrat contiene, al igual que las Montañas que asocia. De hecho el Peñasco de Montserrat y las Montañas de Montserrat son uno, sentimiento muy fácil de entender para aquel que se siente catalán. El Peñasco simboliza la esperanza en la Tierra.

Lahuerta hace mención de un corto artículo publicado en 1906 por Illustració Catalana en un especial dedicado a la Sagrada Familia firmado por J.F. de lo que deduce que las siglas se refieren a Joaquim Folch, en el que se podía leer:
«Supongamos, pues, si esta fiebre de gloria, este deseo de grandeza, este conjunto de aspiraciones, se reunieran en una concreción de formas hasta ofrecerse plásticamente a nuestros ojos, y de súbito brotara un monumento inmenso, colosal, un gigantesco templo que pudiera cobijar bajo sus arcadas la más atrevida catedral del mundo, un poema de piedra, hermano gemelo de las más maravillosas construcciones, en el que pudiéramos leer sobre cada pilar un canto eterno a la inmortalidad».

Peñasco de Montserrat
Peñasco de Montserrat
Autor Foto: Pera Andreu 2005
Pero la simbología que converge en el Peñasco, no se reduce a las cuestiones políticas, ya que se extiende a las religiosas, el Peñasco simboliza la esperanza en la Virgen María madre de Jesús, y también a las históricas de los inicios del Templo, ya que San José representado en la base de la escultura como símbolo de la esperanza en la Iglesia Católica, hace mención al mismo tiempo a los Devotos de San José, grupo a través del cual se gestó la idea y el proyecto de la construcción del Templo. En Base a estos significados, Gaudí se impone la creación del Peñasco, abstracto, en un punto muy importante de la fachada, con el cual simboliza la esperanza en la Tierra y en la Religión.

Este evidente y llamativo corte en el estilo narrativo proviniendo de la mente de Gaudí, alguien que se preocupaba hasta de los más pequeños detalles, y de relaciones compositivas coordinando constructivas y literarias entre otras, muchas de esas relaciones difíciles de sospechar, debe contener algún otro significado, además de los ya mencionados. Nos parece que podríamos descartar el suponer que Gaudí, que proyectó tal escultura con el fin de complementar un espacio relevante del conjunto, como lo es una cúspide de uno de los tres portales, y a su vez rompiendo con ella el ritmo de los estilos plástico y simbólico marcados por él mismo en la completa fachada, pueda ser simplemente un atrevido impulso artístico, todavía más sabiendo lo exigente que era en cuanto a armonía y equilibrio, lo que nos debe inducir a pensar que el pináculo, como el resto de elementos, tiene una explicación técnica y literaria concordante a la prolífica mente de Gaudí, que por otro lado no era nada dado a permitirse insinuaciones dudosas, ya que toda su creación respondía, y responde, a juicios cabal y hondamente estudiados.

Como podremos comprobar, y siempre en el hilo de lo que aquí exponemos, en su mente todo estaba muy claro, y tal contradicción tiene un sentido tanto constructivo como expresivo, así como técnico, pero éste último muy arriesgado de ejecución y a la par nada contemplado en su época y parece ser que en ninguna anterior, aspecto que justificaría sobremanera y que induce a pensar, que el haber actuado en silencio sin dar pormenores, ya que algo que hoy seguramente aceptaríamos con bastante naturalidad en su tiempo podía ser algo difícilmente comprendido y aceptado, se debía precisamente al hecho de utilizar una muy atrevida técnica, poco, sino nada, aplicada en arquitectura así como en escultura, puesto que el Jesús Invisible es el brillante resultado de un equilibrio entre luz y forma, pero desde un enfoque totalmente original y novedoso.
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