mente dactual
El Jesús Invisible de Gaudí
Creado: Noviembre 2004
Un Canto al Amor - Autor: PAR
Última Revisión: Agosto 2005


El Peñasco de Montserrat
El Peñasco de Montserrat, nuestra obra protagonista en el documento, rompiendo el copioso paisaje pictórico, la estampa de la completa fachada, barroca en su abundancia de elementos y detalles, y linealidad estilística, se podría ver como un peñasco surgiendo entre la vegetación y los grandes robles elevándose al cielo, (los campanarios), mas al observar el conjunto son otras las remembranzas que sugiere. En lugar de estudiarlo en relación con el resto de la fachada, podemos hacer una valoración comparativa con su pináculo homólogo, simétrico en el conjunto, que es el pináculo de la Fe.

Vista 1 del Peñasco de Montserrat Vista 2 del Peñasco de Montserrat Vista 3 del Peñasco de Montserrat Vista 4 del Peñasco de Montserrat
Distintas vistas del Peñasco de Montserrat. Autor Fotos: Pera Andreu 2005

Los pórticos de la Esperanza y de la Fe son análogos en el sentido de que su posición responde a la simetría proporcionada a la fachada, ellos se encuentran a cada lado del pórtico central más alto que ambos, de la misma forma deberían responder a ese equilibrio simétrico en el sentido de los “pesos” de su contenido simbólico y estético, cosa que sí ocurre en el nivel inferior de los tres pórticos, pero como muestra el dibujo de más abajo, en el que seguimos coloreando masas señalando figuración y abstracción, al profundizar en los dos pináculos más de cerca, nos seguimos encontrando con cierta desproporción en el estilo narrativo-plástico de la expresión simbólica.

En el pináculo del pórtico de la Fe se encuentran simbolizadas las declaraciones más importantes en la creencia del catolicismo. Se inicia en su base con una lámpara de tres mechas que simboliza la Santísima Trinidad, encima de ella se encuentra la Inmaculada Concepción, que es la Virgen María concebida virginalmente, en la flora representada encontramos racimos de uva y espigas de trigo que simbolizan la Eucaristía, y como colofón de estas significaciones, se halla la Divina Providencia, expresada con el símbolo de una mano que lleva incrustado en su palma un ojo, que es de Dios, la mano que todo lo cuida y el ojo que todo lo ve. Dogmas y misterios fundamentales en el credo católico, que por cierto son dogmas de fe, razón por la que el pináculo se encuentra coronando el pórtico de la Fe. Un pináculo con variada simbología y de peso narrativo por la importancia de sus símbolos en el discurso global de la fachada, sino del Templo, y a su vez concordante con el pórtico en el que se ubica.

Pináculos de la Esperanza y de la Fe,
Pináculos de la Esperanza y de la Fe,
Dibujo: PAR 2004
El Peñasco, pináculo del pórtico de la Esperanza, es algo más extraño en simbolismo plástico. En el dibujo podemos apreciar que la figuración que viene subiendo desde los niveles inferiores del pórtico, llega hasta la base del Peñasco, la cual son tres pilares o columnas en las que se sostiene toda la escultura, por debajo de la misma y entre los pilares, San José navega entre rocas sentado en la barca, simbolizando la Iglesia Católica velando por la salvación de los hombres, asistida por el Espíritu Santo representado éste con una lámpara iluminando en la proa. Pero esto último, que sí denota la esperanza según la mitología católica, ocurre en su base, y el resto del pináculo hasta su cima es puramente una abstracción estilística aún con su contenido literario, que es el propio Peñasco con sus simbologías ya mencionadas. A excepción de algo que hemos de destacar, y como veremos es muy importante en la composición de la escultura, es un texto de una sola palabra, dividida en tres sílabas, y aparentemente colocadas de forma aleatoria en la superficie del Peñasco, que reza: “sálvanos”, texto que sí denota esperanza y a la vez es claramente un elemento figurativo, pero aún con esta palabra, en la comparación de los dos pináculos, el del Peñasco parece quedar vacío de contenido.

Según podemos apreciar, entre los dos pináculos de pórtico existe un gran espacio conceptual, pues se denota un vigoroso peso en el pináculo de la Fe a ilustrar creencias católicas consideradas muy importantes, y en el de la Esperanza, aún representando a la Iglesia y el Espíritu Santo en su base, y el mismo Peñasco a la Virgen María, el completo pináculo se convierte en una significación de la esperanza con un difuminado ruego escrito, esculpido, en un gran peñasco, “sálvanos”; unos caracteres tipográficos en la escultura abstracta, ordenados en base a una desconocida disposición, que a su vez otorgan una cierta dificultad de lectura al espectador, todo ello con un peso literario abstracto que no se corresponde en cuanto a estilo con el contenido en su pináculo simétrico en la fachada.

¿No percibe el lector la anomalía comparativa entre el Peñasco de Montserrat y la cima del pórtico de la Fe? El corte expresivo que denotamos como Figuración-Abstracción, destacable no sólo con la equiparación de los pináculos, sino que también contrastando el Peñasco con la completa fachada, es el aviso de que en el Peñasco ocurre algo muy especial, y realmente es lo que Gaudí concibió, el misterioso Peñasco de Montserrat.

Martinell escribe:

«Gaudí siempre manifestó un gran respeto por la síntesis y la unidad de formas».

Y esto es algo que se puede comprobar directamente en sus obras, y de las conversaciones que ellos dos mantuvieron se puede deducir claramente que Gaudí confiaba en que los artistas que trabajaran con el Templo, supieran tener en cuenta la condición de coherencia en la unidad del conjunto, aún cuando cada artista imprimiera su propio estilo, lo que origina mayor incógnita a este proceder con el Peñasco de Montserrat, pues no sería lógico en un arquitecto esperar algo de sus colaboradores que él mismo no aportara, cosa que obviamente no ocurría con Gaudí. A nosotros nos sugiere que esta situación está clamando a gritos que aquí hay alguna otra respuesta a este aparente contrasentido.

Lahuerta nos habla del artículo que en 1906 escribió Maragall, titulado “En la Sagrada Familia”, connotando la necesidad del poeta en aclarar:

«... el modo en que el templo, en su forma re-une un mundo polifónico».

Peñasco de Montserrat
Peñasco de Montserrat.
Autor Foto: Pera Andreu 2005

Esa polifonía substancial a la Sagrada Familia que denota Maragall, se descubre con extrema facilidad en la obra de Gaudí, no sólo en la forma, también en el lenguaje, en la manera de utilizar la simbología como medio de expresión, y en su personal estilo de valerse de las diversas técnicas físicas, mecánicas, y las narrativas. Personalmente siento muy hondamente que mucho de lo que se pueda decir del Templo cabe en igual medida para el Peñasco de Montserrat, y viceversa. Una vez comprendido el completo significado de esta sublime obra escultórica, el Peñasco de Montserrat, la total construcción adquiere valores inesperados a muy variados niveles y de una trascendencia insospechada.

En el artículo mencionado, “En la Sagrada Familia”, Maragall escribe:

«Y el templo se me apareció, como siempre, como a tantos, como una gran ruina... sabiendo que aquella ruina es un nacimiento, me redime de la tristeza de todas las ruinas; y ya desde que conozco esta construcción que parece una destrucción, todas las destrucciones pueden parecerme construcciones».
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