
Según
podemos apreciar, entre los dos pináculos de pórtico
existe un gran espacio conceptual, pues se denota un vigoroso peso
en el pináculo de la
Fe a ilustrar creencias
católicas consideradas muy importantes, y en el de la
Esperanza,
aún representando a la Iglesia y el Espíritu Santo
en su base, y el mismo
Peñasco a la
Virgen
María, el completo pináculo se convierte
en una significación de la esperanza con un
difuminado
ruego escrito, esculpido, en un gran peñasco,
sálvanos; unos caracteres
tipográficos en la escultura abstracta, ordenados en base
a una
desconocida disposición, que a su vez otorgan
una cierta
dificultad de lectura al espectador, todo ello
con un peso literario abstracto que no se corresponde en cuanto
a estilo con el contenido en su pináculo simétrico
en la fachada.

¿No
percibe el lector la anomalía comparativa entre el
Peñasco
de Montserrat y la cima del pórtico de la
Fe?
El corte expresivo que denotamos como
Figuración-Abstracción,
destacable no sólo con la equiparación de los pináculos,
sino que también contrastando el
Peñasco
con la completa fachada, es el aviso de que en el
Peñasco
ocurre algo muy especial, y realmente
es lo que
Gaudí concibió, el
misterioso
Peñasco de Montserrat.
Martinell
escribe:
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«Gaudí siempre
manifestó un gran respeto por la síntesis y la
unidad de formas». |
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 Y
esto es algo que se puede comprobar directamente en sus
obras, y de las conversaciones que ellos dos mantuvieron
se puede deducir claramente que Gaudí
confiaba en que los artistas que trabajaran con el Templo,
supieran tener en cuenta la condición de coherencia
en la unidad del conjunto, aún cuando cada artista
imprimiera su propio estilo, lo que origina mayor incógnita
a este proceder con el Peñasco de Montserrat,
pues no sería lógico en un arquitecto esperar
algo de sus colaboradores que él mismo no aportara,
cosa que obviamente no ocurría con Gaudí.
A nosotros nos sugiere que esta situación está
clamando a gritos que aquí hay alguna otra respuesta
a este aparente contrasentido.
Lahuerta
nos habla del artículo que en 1906
escribió Maragall, titulado En
la Sagrada Familia, connotando la necesidad del poeta
en aclarar:
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«...
el modo en que el templo, en su forma re-une un mundo polifónico». |
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Peñasco de Montserrat, Foto: PAA 2005 |

Esa
polifonía
substancial a la
Sagrada Familia que denota
Maragall,
se descubre con extrema facilidad en la obra de
Gaudí,
no sólo en la forma, también en el lenguaje, en la
manera de utilizar la simbología como medio de expresión,
y en su personal estilo de valerse de las diversas técnicas
físicas,
mecánicas, y
las narrativas.
Personalmente siento muy hondamente que mucho de lo que se pueda
decir del Templo cabe en igual medida para el
Peñasco
de Montserrat, y viceversa. Una vez comprendido el completo
significado de esta sublime obra escultórica, el
Peñasco
de Montserrat, la total construcción adquiere
valores
inesperados a muy variados niveles y de una
trascendencia
insospechada.

En el artículo
mencionado, En la Sagrada Familia,
Maragall
escribe:
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«Y
el templo se me apareció, como siempre, como a tantos,
como una gran ruina... sabiendo que aquella ruina es un nacimiento,
me redime de la tristeza de todas las ruinas; y ya desde que
conozco esta construcción que parece una destrucción,
todas las destrucciones pueden parecerme construcciones». |
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